¿Cómo incorporar una perspectiva sistémica en mi trabajo? Empezando por los principios sistémicos clásicos: el principio de pertenencia

En nuestro trabajo cotidiano nos encontramos con innumerables situaciones que exigen lo mejor de nosotros y de nuestros equipos. A menudo contamos con las herramientas necesarias para afrontarlas y las vivimos como desafíos estimulantes.

Sin embargo, más a menudo de lo que nos gustaría admitir, aparece una sensación conocida: la de estar viviendo el mismo día una y otra vez.

Las mismas quejas.
Los mismos conflictos.
Los mismos problemas, una y otra vez.

Cuando esto sucede, desde una perspectiva sistémica se activa inmediatamente algo fundamental: la curiosidad.

Y con ella, surgen preguntas diferentes:

  • ¿Qué intenta mostrarme este patrón que se repite?
  • ¿Qué función cumple esta queja, este conflicto o este problema dentro del sistema?

Estas preguntas abren la puerta a un enfoque radicalmente distinto: dejar de luchar contra los síntomas y comenzar a observar la raíz sistémica de lo que está ocurriendo.

El principio de pertenencia

El principio de pertenencia nos recuerda algo esencial:

todas las personas que forman parte de un sistema tienen derecho a un lugar dentro de él.

Para comprenderlo mejor, imaginemos cualquier organización: un CEO, un equipo directivo, mandos intermedios y empleados. Todos ellos forman parte del mismo sistema organizacional.

Desde una perspectiva sistémica, tener un lugar no significa simplemente:

  • tener un contrato,
  • recibir un salario,
  • o aparecer en el organigrama.

Significa tener:

  • una función clara,
  • responsabilidades definidas,
  • tareas reales,
  • y reconocimiento explícito de ese lugar.

Cuando, en una organización de por ejemplo 50 personas, todos saben qué hacen y por qué están allí, el principio de pertenencia está razonablemente respetado.

¿Qué ocurre cuando alguien está… pero no está?

En mi trabajo cotidiano como coach sistémico ejecutivo y consultor, encuentro una situación más frecuente de lo que podría parecer: personas que están en la organización, pero no tienen nada que hacer.

Aquí aparece una pregunta clave:

¿Esa persona pertenece realmente al sistema?

Aunque tenga contrato, aunque reciba salario, aunque “siga ahí”, desde una perspectiva sistémica su lugar es difuso o inexistente. Y cuando alguien no tiene un lugar funcional dentro del sistema, comienzan a aparecer síntomas.

Esto ocurre con frecuencia en situaciones como:

  • reestructuraciones tras fusiones o adquisiciones,
  • cambios de misión o modelo de negocio,
  • procesos de transformación digital,
  • o empresas familiares donde existen reglas implícitas como “aquí no despedimos a nadie”, “somos una familia y los miembros de la familia permanecen cerca”, o “los empleados senior deben ser respetados pase lo que pase”.

El resultado es una paradoja sistémica: personas en nómina que en realidad no pertenecen plenamente al sistema.

¿Qué síntomas aparecen cuando se vulnera la pertenencia?

Los efectos no suelen ser sutiles. Algunos ejemplos frecuentes incluyen:

  • sensación de injusticia en la persona que quiere trabajar pero no puede, acompañada de miedo creciente sobre su empleabilidad
  • percepción de inequidad entre otros empleados que trabajan intensamente mientras alguien “no tiene lugar”
  • aumento del estrés, tanto en la persona excluida como en quienes cargan con mayor trabajo
  • pérdida de energía organizacional en forma de quejas, rumores y desmotivación
  • comportamientos disfuncionales como desconexión, uso excesivo de redes sociales, conflictos interpersonales o acciones contraproducentes
  • impacto en la imagen de la organización a través de conversaciones internas y externas

Cuando una parte del sistema es excluida, todo el sistema paga el precio.

Por eso, en la práctica sistémica sabemos que ninguna exclusión queda sin consecuencias. Tarde o temprano el sistema intenta compensar aquello que no ha sido reconocido.

Trabajar con el principio de pertenencia no es un lujo teórico. Es una forma profundamente práctica de prevenir conflictos, recuperar energía organizacional y restaurar la coherencia del sistema.

Escuchar lo que el sistema está diciendo

En Metaweaves, integramos la práctica sistémica en todas nuestras intervenciones comenzando por una pregunta sencilla: ¿todas las partes del sistema tienen realmente un lugar?

Antes de intervenir, aconsejar o proponer soluciones, observamos dónde el principio de pertenencia está siendo vulnerado y qué síntomas está generando esa exclusión.

Porque cuando alguien no pertenece, el sistema habla.

Y escuchar lo que el sistema está diciendo es siempre el primer paso de cualquier intervención verdaderamente transformadora.

Si al leer esto reconoces patrones similares en tu organización, en tu equipo o incluso en tu propio rol, es posible que el sistema ya esté enviando señales.

En Metaweaves acompañamos a personas y organizaciones a escuchar esas señales, a devolver un lugar a aquello que ha sido excluido y a intervenir desde los principios que sostienen sistemas vivos y coherentes.

A veces, el primer paso no es cambiar nada.
Es simplemente mirar juntos lo que está ocurriendo.

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